Aprender inglés es uno de los propósitos más demandado cada año nuevo o cada inicio de temporada escolar tras las vacaciones. Sin embargo tras este capricho de antaño reconvertido en must-have se esconde mucho más.

Quienes trabajamos en el mundo educativo siempre estamos expectantes ante nuevas exigencias por parte de la administración. Somos conscientes, y de hecho es una de las partes más reconfortantes de nuestro trabajo, que evolucionar y estar en continuo aprendizaje es indisoluble a la tarea de enseñar. No sólo aprendemos día a día de nuestros alumnos y compañeros sino que debemos esforzarnos en reciclarnos, en llevar a cabo una formación complementaria que nos acompañará hasta los últimos días de nuestra carrera profesional, al menos si lo que queremos es dar lo mejor al alumno. Sin embargo cada cierto tiempo se nos pone un ultimátum para insertar en nuestro curriculum vitae una nueva entrada si queremos continuar en el oficio. En estos tiempos convulsos ha sido el llamado idioma de Shakespeare el que ha pasado de ser valorado positivamente a ser imprescindible. Profesores, maestros o educadores, debemos asumir que hay que hacerle un hueco en nuestras vidas si es que no lo hemos hecho ya.

El inglés es una lengua de origen germano que surgió en los reinos anglosajones de Inglaterra. Se extendió a Estados Unidos a partir de la llegada de Cristóbal Colón en 1492, cuando algunos imperios europeos conquistaron y colonizaron una parte del continente ocupada por culturas y civilizaciones ya asentadas. El Reino Unido se estableció en la costa oriental de Norteamérica y en algunos sectores de la costa caribeña. Tras casi tres siglos de dominio colonial, los pueblos nativos americanos comenzaron a declarar su independencia. De hecho, los primeros en hacerlo fueron los que habitaban en las ‘Trece Colonias’ británicas, mediante la Revolución Estadounidense, que dio origen a los Estados Unidos en el año 1776. Su lengua oficial no podía ser otra pues que la que conocían y con la que se entendían, el inglés.

Desde ese mismo siglo XVIII el Reino Unido y los Estados Unidos de América llevan ejerciendo una influencia económica, militar, política, científica y cultural a nivel mundial. Es desde mediados del siglo XX, cuando el inglés despega y se difunde ampliamente por todo el mundo, convirtiéndose en el idioma principal del discurso internacional y en lengua oficial, materna o franca de muchas regiones.

Lo que en su día no logró el esperanto, que tenía, ya desde su propia etimología, la esperanza de convertirse en la lengua internacional, lo ha logrado el inglés a pesar de no ser la ni la lengua ni la macrolengua con más hablantes nativos.

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Ante tal panorama la Unión Europea ha tomado las riendas y ha unificado los niveles de aprendizaje de lenguas para facilitar la movilidad y la comunicación entre los países miembros. De aquí surge el Marco Común Europeo de Referencia (MCER), que establece los niveles A1 (acceso), A2 (elemental), B1 (intermedio), B2 (avanzado), C1 (profesional) y C2 (nativo) para todas las lenguas que se enseñan de manera oficial en este territorio, aunque la estrella y la que se suele oír unida a esta combinación letra-número es el inglés.

En España se ha implantado enérgicamente la medida. Sin embargo sus inicios en lo que respecta a la enseñanza de lenguas no fueron tan afanosos. España  despertó poco a poco del letargo en el que estaba sumida y decidió incluir lenguas extranjeras en los currículos escolares. Pero no deben caérsenos los anillos al recordar que la primera lengua foránea en introducirse en nuestro país fue el francés. El inglés no llegaría a las aulas hasta los 50 y adquirió más notoriedad a partir de la década de los años 70, creciendo paulatina pero imparablemente hasta que en los 90 ya abarcaba el 96’86% de los casos  de lengua extranjera estudiada en los regímenes generales.

Y he aquí el quid de la cuestión. A día de hoy en los colegios no sólo se imparte la asignatura de Inglés desde los niveles infantiles sino que, en algunas comunidades autónomas, se está experimentando con dar, además, una asignatura en inglés. Con esta medida se pretende que los niños al terminar su educación obligatoria sean bilingües, trilingües en el caso de que su comunidad autónoma tenga lengua propia, como es nuestro caso, la Comunidad Valenciana. Aquí tal implantación se inició con la orden de 30 de junio de 1998, donde se establecían las bases para aplicar voluntariamente, en la etapa de Primaria de los centros educativos, un programa de educación bilingüe enriquecido (PEBE). Se incorpora entonces por primera vez una lengua extranjera como lengua vehicular. Le seguiría en 2008 la resolución de 30 de Julio, que regula un programa de educación plurilingüe en el segundo ciclo de educación infantil. Y tres años más tarde, con la Orden 19/2011 de 5 de abril, se reguló la Red de Centros Docentes Plurilingües en las etapas de Secundaria, Bachillerato y Ciclos Formativos, completando así la legislación al respecto.

La aplicación de manera uniforme, como proyecto de enseñanza plurilingüe ensamblado en el tiempo de manera continuada para todos aquellos centros involucrados en la Red Plurilingüe, empezó en el curso 2012-2013 en Educación Infantil para seguir escalando etapas en los años siguientes de manera uniforme. Así pues a partir de 2015 comenzará en Educación Primaria, año a partir del cual cada curso se va incorporando a un ciclo, y en 2018 llegará a la ESO. Es decir, en el curso 2015-2016 se incorporará al primer ciclo de Educación Primaria (1º y 2º curso), en 2016-2017 al segundo ciclo de Educación Primaria (3er y 4º curso), en 2017-2018 tercer ciclo de Educación Primaria (5º y 6º curso), en 2018-2019 a 1º y 2º de ESO y en 2019-2020 a 3º y 4º de ESO. En definitiva, en 7 años se completará la implantación del modelo plurilingüe en la educación obligatoria.

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Lógicamente tanto caos de fechas a quien más preocupa es a los trabajadores, profesores, maestros y educadores, protagonistas del día a día que deben estar formados prácticamente desde ya porque cada vez son más los centros docentes de nuestra

Comunidad que aplican un programa de educación plurilingüe y acercan la lengua inglesa a la sociedad, concretamente 270. Aunque también es motivo de desasosiego para los directores y directoras de dichos centros, ya que han de reorganizar y tener preparada a su plantilla de manera adecuada a tiempo, de hecho ya no se hacen contrataciones de personal sin titulación de inglés.

El esfuerzo para formarse ante este nuevo reto es una presión para muchos, ya que parece una cuenta atrás sin descanso y que está a la vuelta de la esquina. Se ha fijado que el profesorado, sea de la etapa que sea, debe tener, como mínimo, un nivel B2 (avanzado) de inglés para poder impartir clase en esta lengua. La adecuación a las nuevas demandas nos requiere mucha voluntad, ya que el aprendizaje de una lengua es más difícil de interiorizar estando inmerso en una sociedad que habla español. También es importante tener en cuenta que no todo el mundo, ya en edad adulta, tiene facilidad para aprender idiomas y el proceso puede alargarse y hacerse tedioso. Aunque sin duda debemos reflexionar sobre el hecho de que aprender una lengua no se da de un día para otro, es un proceso largo y acompasado. Asusta la premura con la que está llevando todo a cabo, tres años para formar al profesorado que iniciará este plan parece mucho pero en realidad es muy poco tiempo dado el ritmo que conlleva aprender bien un idioma. Como ejemplo propongo observar las estructuras de  las Escuelas Oficiales de Idiomas, donde desde primer curso de elemental hasta completar el último curso de avanzado se tarda seis años, el doble de tiempo del establecido. Evidentemente recurriremos a centros privados de formación para intentar acelerar ese proceso y dedicar las máximas horas posibles para lograr obtener el tan ansiado título.

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Pero tal esfuerzo por nuestra parte valdrá la pena. ¿Cuáles son los beneficios de esta situación para nuestros niños y niñas? La posibilidad de abrirse al mundo es la más evidente, pero aún hay más. Recientes estudios aseguran que el conocimiento de otra lengua favorece el desarrollo del pensamiento creativo y mejora notablemente sus habilidades verbales y no verbales. Los alumnos bilingües también alcanzan progresos más significativos en la lectura e incluso en otras asignaturas del currículo, como las matemáticas. La incertidumbre sólo surge cuando pensamos sobre cuánto conocimiento asimilan realmente los estudiantes cuando se enseñan asignaturas en inglés y si las familias, imprescindibles en el proceso conjunto de enseñanza-aprendizaje, están preparadas para el cambio.

Los niños y niñas de hoy son la sociedad adulta de mañana, por ello, bien implantado, el plurilingüismo debería ser garantía de éxito. Sin embargo es muy importante no perder aptitudes en la lengua materna, imprescindible para relacionarse en el entorno más cercano, y no dejar de apreciar y conocer nuestra cultura y origen.

Sólo el tiempo dirá si estas medidas son más o menos acertadas para conseguir lo que se pretende. Desde luego nosotros, profesionales de la educación, debemos poner toda la carne en el asador y mantenernos atentos a los cambios, aprender de ellos y con ellos y saber apreciar esta transición. Debemos interpretar esto como un reto y no como una imposición, como un extra a nuestra vocación y un aporte cultural a nuestra vida.

 

Cheer up and good luck colleagues!

                                                                                                                                          María Díez

Prof. Dpto de Idiomas CF Rodrigo Giorgeta

www.rodrigogiorgeta.com