Se dedica a la educación quien puede, no quien quiere. Se hace llamar vocación. Lo que algunos ven imposible o dificilísimo para otros es un placer y muy sencillo de llevar a cabo. Es en muchas ocasiones un motivo que les hace felices o incluso un compromiso social y no pueden imaginar ganarse la vida de otra manera.

Bien, si te ocurre esto está claro que por todos los medios posibles vas a intentar cursar estudios relacionados con la educación.  Cuando llegas por fin a ellos con ilusión te mueres de ganas de ‘estar con los niños’ (lo he oído tantas veces…). Pero detrás de esas ganas hay mucho más. Es aquí donde las prácticas extracurriculares comienzan a enseñarnos la importancia de trabajar el oficio día a día desde dentro.

 

Como profesional, educadora, maestra o profe, llámalo como quieras,  lo que las prácticas extracurriculares en particular, y el trabajo en general,  me han aportado a lo largo de los años es inconmensurable.

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Primero, el contacto con la realidad nos hace interiorizar cada línea del libro de texto que estudiamos para sacar una nota en un examen. Es en las escuelas donde realmente nos ponemos a prueba y medimos si todo lo que aprendemos sirve y es real. Tanta teoría, muchas veces vomitada en un folio, no podrá escapar de nuestro cerebro al vivirlo allí en primera persona. Hago míos conocimientos como a qué edad un bebé comienza a andar, a comer ciertos alimentos o a saber construir una frase, cuánta diversidad familiar existe en la sociedad o cómo mejorar  una actividad y hacerla más adecuada a la etapa en la que se encuentra un niño/a sólo si me sumerjo en el entorno laboral.

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Por otra parte, es también allí donde nuestras cualidades no engañan y nos dicen si esto es lo nuestro. De lo contrario, si no tengo vocación e intento seguir en ello, no logro ser feliz porque me frustro, me cuesta, me enfado con los chiquitines y, a fin de cuentas, se transmite. De aquí otro gran valor de las prácticas extracurriculares. Lo ideal es llegar a ellas cuanto antes para aprender de una manera más fácil e integradora pero también para conocerse a uno mismo y ser honesto.

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Y por último, en nuestro campo las prácticas extracurriculares cobran un sentido más profundo porque se trabaja para personas y con personas de manera directa y durante mucho tiempo a lo largo del día. Por un lado tenemos a esos maravillosos y pequeños seres humanos con una necesidad inmensa de cariño, alegría y paciencia, y por otro tenemos al resto de profesionales con quienes vamos a tener que ser un equipo y mirar por el bien de los niños/as. Y de paso aprender todos de todos y de todo y entre todos sin parar.

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De esta manera las prácticas extracurriculares son un complemento indispensable para marcar la diferencia como educadores y como personas.  Y como prueba del gran valor que aporta a los estudiantes se ha promovido la opción de estudiar en formación dual que, aunque supone un esfuerzo compaginarlas con las clases, sin duda es una versión más que mejorada de lo de toda la vida, prácticas al final de los estudios.

Así que para concluir sólo diré que su propio nombre sólo indica una verdad a medias, con ellas se aprende lo que queda fuera del currículo pero también el contenido del mismo.