Lo que dan de sí apenas dos horas

Dos horas que me pasaron por delante a una velocidad paralizante, sin embargo, dos horas que se me pegaron a la piel tatuándome una de las mejores experiencias que he vivido hasta el momento, que se me han colado entre las costillas posicionándose muy por delante en esa lista de sentimientos y aprendizajes que siempre salen a flote cuando una está a poquitos centímetros de perder la esperanza en el ser humano.

Dos horas de alucinante contraste; como las dos caras de una misma moneda. Por un lado, dos horas totalmente irreales, estábamos en un lugar que pone en stand by la existencia de cientos de almas. Por otro parte, un lapso de tiempo de baile cuerpo a cuerpo con la realidad, desnuda, fría y a su vez al rojo vivo.

Tan sólo dos horas y un buceo atroz en otros mares, en otras vidas, en otras marejadas y otras calmas. Años, años y más años que se confinan en tan sólo unos minutos, como quien sube al autobús y se enlata, con dirección a saber dónde, pero con la mirada puesta en el futuro, sin dejar de avanzar. Me alegró profundamente darme cuenta de que se cometen errores garrafales, meteduras de pata, por las causas y en las circunstancias que sean, que terminan por dejarte al límite pero jamás se deja de poner el pecho, de sentir, de echar de menos a los padres, a los hijos, la rutina, etc., que por muy jodido que se encuentre uno allí, aislado de casi todo, no se guarda la sonrisa plegada en los bolsillos.

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Dos horas plagadas de cuestiones, algunas sin identificar ni formular, preguntas respondidas de la mejor manera: análisis de miradas, de gestos y silencios, otras que me llevaron a entender la verdadera resistencia humana, el verdadero aguante y en esencia, el significado de la palabra resiliencia en estado puro.

Dos horas que me permitieron un lindo encuentro con una gran amistad que no ha desaparecido ni se ha dejado viciar con el paso del tiempo, con mi propio pasado, ese que ha contribuido en gran medida a hacer de mí, lo que hoy soy, que siempre tengo muy en mente y muy en corazón.

Dos horas y ya estábamos fuera de prisión, ánimo a quien se queda, a Sergio, a José María, a cada uno de vosotros y vosotras, fuerza, porque de Picassent se sale y eso, como todo, se supera.

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                                                                                                                 Carla Cristina Herreros Castelló.

  


 

  

Hay experiencias que te cambian como persona, experiencias que te abren los ojos, que te cambian la visión de las cosas, pero también hay experiencias que es mejor no recordar e incluso no haber vivido. Porque Un día colocado es un día que le quitas al juez. En cambio, hay vivencias ajenas que hacen que tu experiencia no pueda explicarse ni con palabras. Meterte en la vida de otras personas, desconocidas, en su intimidad, y que ellos no hagan más que darte las gracias por ser persona, por no ser una más de entre toda la sociedad, por cambiar los prejuicios y querer ayudar a quienes poca gente ve.

“Hay que cometer errores, hacedlo, cometedlos y cagadla, cagadla hasta lo más hondo” y no lo podréis comparar con la experiencia de otras personas. Personas, eso son, ni mejores ni peores que tú, ni que los demás. Personas que a base de hostias, a base de meter la pata, de defraudar a quienes más quieren, a quién confió en ellos algún día, a base de normas y restricciones, siguen adelante, sin fuerzas y sin ganas; pero las sacan mientras nosotros nos quejamos de que hoy es lunes y volvemos a la rutina sin ser conscientes de que muchos de ellos solo sueñan con la libertad. En serio, que a pesar de eso sean ellos quienes te agradezcan tu trabajo es algo que no se puede explicar.

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Gracias por hoy, por enseñarme a valorar las cosas, por hacerme sentir que mi labor sirve, por mostraros como las personas que sois…

De Picassent se sale, y esto se supera.

Karla Dual.

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