La forma de pensar de un emprendedor resulta, en muchas ocasiones, incomprendida por el entorno más cercano e incluso rechazada. Creer en una idea y llevarla a cabo no será un camino de rosas, más bien todo lo contrario ya que la adversidad en forma de continuos obstáculos será la tónica dominante.

 Me podría pasar varios párrafos nombrando empresarios conocidos por todos, personas a las que el éxito les ha sonreído en sus vidas. Pero no es oro todo lo que reluce, los grandes referentes del mundo empresarial probaron el sabor del fracaso antes de alcanzar la cima. El recorrido no fue nada fácil hasta llegar a la tan ansiada meta.

 El entorno competitivo en el que nos encontramos requiere de unas aptitudes mucho mayores que en el pasado. La formación y la preparación para conseguir los objetivos son la columna vertebral del emprendedor del S XXI. A dichas cualidades hay que añadir la base en la que se deben asentar: la actitud incesante, tenaz y perseverante. Todos lo hicieron anteriormente, tanto las personas que hoy conocemos por su gran destreza en los negocios como los que el fracaso les sigue castigando, pero algún día cambiará su suerte.

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Como he comentado anteriormente vivimos en un mundo con una competencia descomunal, más que nunca, pero al mismo tiempo tenemos ante nuestros ojos la época con mayores oportunidades jamás pensada. El emprendedor tiene en su poder una economía en la que la globalización es la protagonista, las distancias han desaparecido y el mercado potencial ha crecido hasta cualquier punto del planeta. Rodearse de un equipo preparado, con altas capacidades y en el que la sinergia tenga un papel protagonista también será un aspecto a tener muy en cuenta. Los objetivos deberán ser medibles, reales y alcanzables para ir consiguiendo etapas que finalmente todas unidas darán como resultado la cima que buscamos.

Detectar las oportunidades y saber encontrar las herramientas que hagan posible ejecutar nuestra idea serán claves para el éxito. Cuando hablamos de encontrar la forma de llevar a cabo nuestro proyecto a todos nos viene a la mente el aspecto puramente económico. Conseguir la liquidez que nos haga seguir avanzando en nuestro camino debe ser un simple escollo, nunca se puede convertir en el problema.

 Pocos, muy pocos comenzaron con solvencia propia en su periplo en el mundo empresarial. Una gran idea unida a un atractivo proyecto harán que tarde o temprano logremos que crean en nosotros. Emular conceptos de negocio exitosos y con un nicho de mercado en  el que todavía haya espacio será una de las opciones ya que el ámbito de la innovación estará más restringido por su complejidad y mayores barreras de entrada.

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 Realmente lo más importante está dentro de cada individuo, la capacidad para confiar en nosotros mismos y las actitud para afrontar los problemas. El optimismo lo deberemos llevar implícito en nuestro día a día y no decaer en el empeño. En los fracasos deberemos ver oportunidades y en los éxitos vislumbraremos predisposición para mejorar.

 Volviendo a la introducción en la que hacía referencia a la incomprensión del emprendedor por su círculo más cercano será algo frecuente. Para triunfar hay que fracasar anteriormente, y esta premisa no es aceptada de forma habitual. Las buenas ideas con constancia y una gran dosis de pasión tendrán resultados positivos en un porcentaje muy alto.

Los emprendedores son fundamentales para la economía de cualquier nación, el aumento del empleo y la creación de riqueza irán unidos a la palabra “emprendedor”. Paradójicamente en España no son pocas las trabas que se encuentra los individuos con ganas de crear y emprender. Los pequeños empresarios son el motor de un país y el sistema debería ampararles y ayudarles para satisfacer sus ideas. A pesar de todo ello cada vez son más los decididos a labrar su propio camino en el ámbito empresarial.

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A pesar de las dificultades burocráticas para llevar a cabo los proyectos en los que tantas esperanzas estamos depositando, vivimos en un país con oportunidades excelentes de formación. Centros excelentes con docentes de gran cualificación están a nuestra disposición para sentar las bases y conseguir el ingrediente de la aptitud adecuada.

 Para finalizar me gustaría recalcar que todo lo anteriormente comentado no tendrá ningún sentido si lo que desempeñamos no lo hacemos con actitud entusiasta, pasión y optimismo. Condición indispensable será tener un motivo por el que levantarse cada mañana y que la ilusión sea parte de nosotros.              

 

 

                                                                                                       Elena Viana de Lelis

Prof. Formación y orientación laboral

  Empresa e Iniciativa Emprendedora